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La Colosa, detrás del mayor tesoro de América

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ArrierosArley Hernán Calderón es arriero hace 16 meses. No usa ni alpargatas ni sombrero ni poncho ni carriel. Lleva gafas oscuras, guantes, botas y casco. Al igual que los arrieros tradicionales, las mulas que cabestrea tienen nombres coquetos: Micaela, Soraya, La Pantera, Muñeca, Dayana. Camina en silencio por los senderos del que sería el más grande descubrimiento de oro de América. Sonríe cuando le pregunto de dónde viene caminando y responde en lenguaje técnico: “vengo de la F5”.

Arley lleva caminando 50 minutos por la montaña. La carga que transportan las mulas no es ni café ni paja ni trigo ni carbón... no. Lo que traen al lomo, en cajitas de madera, estrictamente organizadas cual neceser, son las muestras que se extraen en el campo de exploración del proyecto minero que adelanta la multinacional AngloGold Ashanti, en Cajamarca, Tolima, entre 2.800 y 3.200 metros sobre el nivel del mar, en lo que antes fue una finca ganadera. Arley es uno de los 1.000 trabajadores directos que hoy tiene el proyecto. Me lo encontré en la puerta de la bodega de núcleos, en la que se almacenan las muestras.

¿Qué es La Colosa?

La Colosa —hoy— no es una mina. Y no se ve oro mientras se camina. No. La Colosa es un proyecto que está en etapa de exploración y prefactibilidad, lo que significa, entre otras cosas, que están en estudios del suelo con perforaciones puntuales a lo largo de 6,39 hectáreas. La Colosa hoy es un pedacito de montaña con casas, flores, caballos, caminitos veredales y una tropa de trabajadores que parecen hormigas.

Antes de ingresar a La Colosa recibo un par de charlas en Cajamarca —45 minutos antes de encontrarme con Arley—, en donde me explican todas las medidas de seguridad que hay que seguir para ingresar al proyecto. Allí me advierten que no se puede caminar solo —te puedes perder—, que la zona está custodiada por el Ejército y que en caso de un hostigamiento de la guerrilla hay que mantener la calma. Que me puede dar mareo, vómito y dolor de cabeza. Me preguntan si tengo alguna alergia, el contacto de un familiar y me prestan un casco, unas gafas y unas botas.

Con esto claro, la camioneta ahora se enruta hacia la vía del Alto de la Línea y luego de 20 minutos, se desvía en la vereda La Luisa. Empieza un pequeño camino, estrecho y empinado, muy empinado. El conductor, un jovencito de 20 años llamado Efraín, ha repetido esta ruta en los últimos siete meses todos los días. Se la conoce metro a metro. Cada una de las curvas, que son casi en pared, para él son rutina. Voy casi sin respiración. La altura comienza a cortármela y el estrecho camino marea. Tras 15 minutos aparece un portón donde me identifican y me autorizan el paso. A los 10 minutos se asoma un complejo de casitas de madera, con flores y caminos pulidos. ¡Ya estamos en la Colosa!.

Antes de empezar la marcha rumbo a los pozos de exploración me revisa un médico la tensión y el pulso cardiaco. Luego, viene la calistenia. Mover las manos y los pies aquí es un verdadero desafío. El cuerpo entero pesa. Me quedo sin aire. Empezamos a caminar, a subir escalas. Aparecen Arley y sus mulas. Entramos a la bodega de núcleos en donde tienen las muestras de la exploración que luego serán analizadas por los geólogos y que son el detonante para saber en qué zonas exactas hay oro. Se estima que habría 28 millones de onzas, lo que la convertiría en el descubrimiento más grande de América en la última década. Mientras me explican esto, Arley descarga sus mulas y cuando lo vuelvo a ver, ya se está perdiendo en el filo de la montaña.

¿Qué es la exploración?

Hasta más o menos 2018, La Colosa estará en exploración. Durante estos años, además de diseñar la viabilidad técnica y financiera del proyecto, también deberán elaborar la factibilidad social y ambiental. Según la AngloGold Ashanti los análisis en la fase exploratoria incluyen determinar la magnitud y ubicación del recurso mineral, las opciones de localización de la infraestructura y los análisis de línea base y planes de manejo social y ambiental.

La AngloGold explica que durante este tiempo se hace una clasificación y almacenamiento temporal del material generado en los procesos de perforación. Esta extracción se logra tras la construcción de plataformas de perforación que comprometen un área de 10x10 metros cuadrados y que deben tener además un permiso por parte del Ministerio de Ambiente. Todo esto, lo que determinará es la cantidad real de oro que se encuentra en la tierra y su lugar exacto.

Los mitos del proyecto

Desde 2006 cuando la AngloGold llegó a Cajamarca, el proyecto fue mitificado. Y La Colosa se convirtió en una montaña mágica en la que rebosaba oro. No es gratuito que en la presentación, la empresa enumera ocho mitos que se han creado entorno a la misma y que han sido los causantes de que hoy el proyecto tenga opositores. Se dice entonces cosas como que La Colosa va a acabar con el agua del Tolima, que el cianuro que utilizan contaminará las fuentes de agua, que acabará con la vocación agrícola; que en La Colosa ya están sacando oro, que la minería es mala, que nunca han contado la verdad de lo que pasa allí, que cuando se acabe La Colosa van a dejar un hueco enorme, que no traerá progreso...

Sobre los mitos, Felipe Márquez Robledo, vicepresidente de Asuntos Corporativos de la AngloGold Colombia, advierte que no todo mundo quiere La Colosa, “pero estoy seguro de que no hay una gran oposición. Hay personas que se han dado la oportunidad de entender que esto es un proyecto, no una mina, que la mina sólo podrá ser construida si nos dan licencia ambiental. Ahora, la oposición radical la hacen de manera muy visceral porque no se hace con discusión técnica”.

Recuerda que en países como Alemania, Suecia, Noruega, Inglaterra, la minería es buena. “La mina más grande de Europa está en Suecia. ¿Por qué allá si se puede? ¿qué es lo que hace que Colombia no la pueda tener? ¿qué hay detrás de eso? Siempre he creído que es desconocimiento”.

Reconoce que estos mitos alrededor del proyecto, en parte, son responsabilidad de ellos mismos. “Tuvimos una etapa de mucho silencio, en donde se enviaba un mensaje que el proyecto era secreto. Por eso es que la gente piensa que Colosa es toda la montaña. Todo ese imaginario es culpa de la compañía porque no lo ha comunicado correctamente. Hay que darle toda la información a la gente para que tenga confianza. Por eso, La Colosa se politizó”.

Mientras veo cómo Arley se pierde entre la montaña y me explican cómo funciona la bodega de muestras, me siento a descansar después de haber caminado no más de 20 metros. No me dio ni vómito ni mareo. Solo la altura que molesta. Aquí, en este pedacito de mañana lo que provoca es un cafecito que me lo sirven mientras pasan otras mulas y otros arrieros.

 

POR MARÍA VICTORIA CORREA

 

*Por invitación de AngloGold Ashanti, en el marco del Taller de Minería dictado por la Universidad de los Andes.

 

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