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Opinión: 'Cuesta Arriba'

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Sólo el 18 % de la producción aurífera en Colombia proviene de empresas que cumplen con todas las formalidades legales. El resto, el 82 %, es una mezcla de pequeña minería artesanal, barequeros y aquella que tiene vínculos con la criminalidad.Sólo el 18 % de la producción aurífera en Colombia proviene de empresas que cumplen con todas las formalidades legales. El resto, el 82 %, es una mezcla de pequeña minería artesanal, barequeros y aquella que tiene vínculos con la criminalidad.La actividad extractiva en Colombia, una de las cinco locomotoras del crecimiento del Plan de Desarrollo 2010-2014, se desaceleró a mitad de camino como consecuencia del debilitamiento de la demanda externa por materias primas, concomitantemente con el desplome de sus precios, siendo los del petróleo los últimos en caer. A partir de 2012 empezó a darse un reflujo de la inversión extranjera, comenzó a frenarse la actividad extractiva y con ella el crecimiento del PIB, las exportaciones decayeron y las rentas percibidas por el Estado se esfumaron.

La gran recesión que se originó en el 2008 se ha prolongado más de lo esperado, a tal punto que ya se habla del “estancamiento secular” de la economía global, impidiendo un mayor repunte de los precios de las commodities. Ello ha resentido la economía colombiana y desde luego al sector, que en lugar de jalonar su crecimiento, como lo venía haciendo, lo está lastrando, excepción hecha de la refinación de crudo, gracias a la entrada en operación de Reficar, que ha quintuplicado el crecimiento industrial, pasando éste de crecer 0,8 % en los primeros once meses del 2015 a 4,5 % en el mismo período de 2016.
 
A Colombia no sólo la ha afectado la caída de los precios del crudo, también la caída de la producción de un 11,3 %, la cual se ha venido alejando cada vez más de la meta del millón de barriles/día, que ha terminado por replantearse en el MFMP. Y las perspectivas no son las mejores, habida consideración de la caída en la actividad exploratoria y la perforación de sólo 16 pozos en 2016. El horizonte de autosuficiencia petrolera se reduce a menos de cinco años y las esperanzas de espantar el fantasma de la importación están puestas en los nuevos incentivos fiscales e impositivos, especialmente para la actividad off shore, en donde el país tiene prospectos muy promisorios. Mientras tanto, la mayor apuesta está en el mejoramiento del recobro, para pasar del 18 % actual al 25 %.
 
La actividad minera, en cambio, acusa un resurgimiento, que viene de la mano con la mayor demanda y los mejores precios. Especialmente la producción de carbón, que venía de capa caída y en este momento, de mantenerse el ritmo que trae en el último trimestre de este año, podemos estar cerrando el 2016 con un volumen de producción de 90 millones, 8 millones más que el año anterior. Según los pronósticos de la ACM, la producción de níquel, después de un bajón que tuvo, ahora tiende a estabilizarse alrededor de las 37.000 toneladas en el 2016, y el oro estaría cerrando entre 250.000 y 260.000 onzas. Es de anotar que sólo el 18 % de la producción aurífera en Colombia proviene de empresas que cumplen con todas las formalidades legales y el resto, el 82 % (¡!), es una mezcla de pequeña minería artesanal, barequeros y aquella que tiene vínculos con la criminalidad, que tienen en común sus pésimas prácticas y que no le retribuyen al Estado lo que deberían por la extracción del recurso.
 
En los últimos meses se le ha dado un renovado impulso a la actividad minera por parte de la Agencia Nacional Minera, al destrabar los trámites de los títulos, y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales al agilizar la expedición de las licencias. Hacía más de 20 años que no se columbraba un nuevo emprendimiento minero a gran escala. Ahora son cuatro de ellos los que se asoman y muestran un futuro prometedor para la minería en Colombia. Son ellos: el de Gramalote, a cargo de la AngloGold Ashanti; Cisneros, de Antioquia Gold; Santa Rosa de Osos, de Red Eagle Mining, y en Buriticá, la Continental Gold. Sigue en veremos, entre otros, el de La Colosa en Cajamarca (Tolima).
 
Además de la extracción ilegal del mineral, contra la actividad minera en Colombia conspiran su pésima reputación, la gran conflictividad social que la circunda y la falta de seguridad jurídica. Para desactivar estos factores de riesgo y superarlos se impone un gran diálogo social, sobre todo de cara al posacuerdo con las Farc, que permita que en la minería en Colombia primen las buenas prácticas, tanto técnicas como sociales y ambientales, que hagan de ella una actividad incluyente, resiliente y competitiva. En suma, la actividad extractiva en Colombia, aunque con dificultades, empieza a reanimarse y va cuesta arriba hacia el 2017, que puede ser el punto de inflexión.
 
Por: Amylkar D. Acosta M, exministro de Minas

ElEspectador.com

 

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