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Petróleo

¿Qué pretende Obama con su nuevo impuesto petrolero?

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Aunque el presidente califique su nueva propuesta como “cuota”, la realidad es que se trata de un impuesto regresivo que podría tener severos efectos en la industria. En este momento, señor presidente, no puede pegarle a las grandes compañías petroleras sin pegarle también al ciudadano de a pie.
 
Foto de shalom.clFoto de shalom.clDe acuerdo con un documento de la Casa Blanca, la propuesta de presupuesto federal del presidente Obama incluirá una “cuota” de 10 dólares por barril de petróleo. Los fondos recaudados, unos 40,000 millones de dólares (mdd) al año, serían dirigidos hacia un “Sistema de Transporte Limpio del siglo XXI” que reforzará el fondo federal para carreteras, permitirá la construcción de trenes de levitación magnética, estaciones de recarga para vehículos eléctricos, la investigación de vehículos autónomos y otros medios de transporte con bajas emisiones de carbono.
 
Los líderes del Congreso han declarado que la iniciativa nació muerta. No obstante, el plan, revelado el jueves, generó perturbaciones en toda la industria del petróleo. La denominada “cuota”, un eufemismo para “impuesto”, por lo menos aplicaría por igual al suministro de crudo nacional y extranjero, con el fin de “garantizar la igualdad de condiciones”, según un funcionario de la Casa Blanca. En un mundo racional, la Casa Blanca se esforzaría por inclinar la balanza a favor de las empresas estadounidenses, pero en este caso las compañías locales pueden sentirse aliviados por que al menos sea un cuota equitativa.
 
Parece un buen momento para crear un impuesto sobre el petróleo, ¿no? El barril cotiza a 30 dólares. La gasolina ronda 1.50 dólares por galón y no ha habido un aumento al impuesto federal a la gasolina de 18 centavos por galón en casi 35 años. Naturalmente, a la Casa Blanca nunca se le ocurriría etiquetar esto como un impuesto adicional de gas. Esos impuestos son regresivos, impactan más al usuario de a pie que a los grandes corporativos. Así que, por supuesto, esta “cuota” afectaría más a las malignas compañías petroleras. No importa que las grandes compañías petroleras acaben de trasladar a los automovilistas el impuesto de alrededor de 25 centavos por galón.
 
Y tampoco hay que esperar que Bernie Sanders se preocupe por los pobres automovilistas. Él quiere prohibir el fracking en Estados Unidos. Considerando que casi todo el petróleo y gas de EU se extrae a través de esa técnica, eso significa que el candidato está a favor de echar por la borda toda la industria petrolera estadounidense, la más grande en el mundo. Las consecuencias de una medida así serían mucho más costosas que 10 dólares por barril.
 
Tiene sentido que los fondos federales sean destinados a la manutención de las carreteras interestatales. Y no es indignante pensar que Estados  Unidos podría emular a Europa y Japón y construir una red de trenes de alta velocidad (aunque tal vez primero habría que mejorar las condiciones de Amtrak).
 
Lo que sea. La propuesta nunca se convertirá en ley. Pero es triste que Obama piense que los estadounidenses son tan estúpidos como para no ver su “cuota” como el impuesto que es. También es lamentable que en el país con los mercados de capitales más amplios del mundo, los líderes políticos piensen que necesitamos impuestos regresivos para financiar el desarrollo de autos sin conductor y estaciones de carga. Al presidente le gusta juntarse con sus amigos de Tesla y Google, pero ¿no podrían pagarlo ellos mismos en vez de sacar esos recursos de los bolsillos de los contribuyentes?
 
 
Por Christopher Helman / Forbes México 
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