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La expansión de la red eléctrica puede convertirse en el mayor problema de la transición energética

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La red eléctrica requiere de enormes inversiones para su ampliación y adecuación a los nuevos requerimientos, incluso para incorporar las nuevas fuentes de generación. De no ocurrir al ritmo que se requiere, la propia transición verde se encontraría con una importante limitación.

En septiembre del año pasado, la asociación de la industria eléctrica de la Unión Europea, Eurelectric, advirtió de que el bloque necesitaba lo que Reuters calificó de inversiones «sin precedentes» en la mejora de la red. De lo contrario, la UE podría incumplir sus objetivos de transición energética.

Un mes después, el gobierno de Biden anunció una subvención de 3.500 millones de dólares para proyectos de mejora de la red eléctrica, incluida la construcción de nuevas líneas de transmisión para conectar más instalaciones eólicas y solares.

Los líderes de la transición tienen prisa por reforzar sus redes. Porque sin esto, no habrá transición. Pero puede que ya lleguen tarde.

Bloomberg informó a principios de mes de que en 2023 las inversiones en expandir las redes a escala mundial aumentaron un 5% respecto al año anterior, hasta 310.000 millones de dólares.

La publicación calificó el hecho de «noticia positiva en un periodo en el que, por lo demás, se ha producido un aumento de la congestión de la red eléctrica y se han alargado las colas de interconexión».

No sólo eso, sino que Estados Unidos se situó a la cabeza, para variar, con un gasto de 87.000 millones de dólares en aspectos como la mejora de la resistencia de la red y la ampliación de la red de distribución para dar cabida a más fuentes de energía distribuida, es decir, eólica y solar. En Europa, las inversiones en mejoras y expansión de la red eléctrica ascendieron a 60.000 millones de dólares.

Son cifras impresionantes, pero no bastarán para alcanzar los objetivos fijados para 2030, que tanto la Unión Europea como el Gobierno de Biden han hecho quizá demasiado ambiciosos.

La UE tiene el objetivo de generar el 45% de su electricidad a partir de fuentes bajas en carbono para 2030. La administración Biden pretende que el 80% de la generación proceda de fuentes bajas en carbono para 2030.


Fuente: WET