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Hidrocarburos

Opinión ' Cuidado con el petróleo '

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El aumento de los precios del petróleo es una buena noticia, pero trae consigo un peligro latente.El aumento de los precios del petróleo es una buena noticia, pero trae consigo un peligro latente.El aumento de los precios del petróleo es indiscutiblemente una buena noticia, y no podía haber llegado en un mejor momento que ahora, cuando el país sufre de pesimismo y está agobiado por la incertidumbre. Despeja el panorama cambiario, dinamiza la inversión en petróleo y minería y le da un impulso a la demanda interna que es bienvenido. Pero también trae consigo un peligro latente porque puede retrasar las reformas estructurales que es necesario llevar a cabo para poner a la economía a marchar sobre bases firmes y sostenibles.
 
El auge de los precios del petróleo, que puede ser pasajero, es un alivio, pero “no es el futuro”, como advierte José Antonio Ocampo en su columna de la semana pasada en este diario, y puede convertirse en ave de mal agüero si les causa daño a los esfuerzos que hay en curso para diversificar las exportaciones y si les resta urgencia a las reformas estructurales sobre cuya necesidad hay consenso. Lo peor que le podría pasar a la economía es que se vuelvan a cometer los errores que hoy tienen estancado el crecimiento económico.
 
Cuando escucho a exportadores de flores ufanarse de estar exportando a Japón más del 50 por ciento de su producción y se preparan para atender ese mercado por vía marítima o leo en ‘Portafolio’ que firmas como Dibufala han duplicado sus exportaciones de productos lácteos orgánicos en dos años, exportan el 60 por ciento de lo que producen, tienen presencia en 473 supermercados de alta gama en Estados Unidos y una alta penetración en el mercado chileno, me pregunto: ¿qué va a suceder con estos logros si continúa y se acentúa la revaluación?
 
El Gobierno y el Banco de la República deben procurar que la potencial contribución de productores privados que está en marcha no se detenga por falta de previsión en la política macroeconómica, evitando que la revaluación le ponga fin al incipiente progreso de las exportaciones menores. Deben prestarles especial atención a los especuladores que utilizan el mercado de TES para inducir a su favor volatilidad en la tasa de cambio y generar utilidades astronómicas.
 
En relación con las reformas estructurales, se debe aprovechar el singular consenso que se ha creado sobre la necesidad de emprenderlas. No hay un plan concreto para llevarlas a cabo, pero sabemos a dónde se debe llegar y que se debe evitar que el auge de precios del petróleo arrase todo lo demás. El país tiene que sofisticar y diversificar su oferta de productos para dejar de depender de las exportaciones de petróleo, carbón y productos básicos, lo que requiere un esfuerzo sin precedentes en inversión, desarrollo tecnológico, ingeniería, educación y capacitación de mano de obra. Debe complementarse este esfuerzo creando o, mejor aún, atrayendo empresas que contribuyan a ese desarrollo tecnológico y a la diversificación de la oferta productiva, y abriendo fronteras para atraer capital humano capacitado.
 
Lo que se necesita no lo puede llevar a cabo el sector privado si no tiene el apoyo del sector público y si no se establece una estrecha colaboración estable entre estos dos sectores para crear ese futuro. Inmersos como estamos en la mezquindad, el ansia de poder y los odios que dominan en la actualidad el panorama político y el pensamiento nacional, hacen falta un gobierno y un sector privado activistas, con una visión y un compromiso con el país y su futuro que conciban y pongan en marcha reformas para evitar que otro auge de los precios del petróleo haga posponer de nuevo el progreso de los próximos 20 años.
 
 
RUDOLF HOMMES

ELTIEMPO.COM 

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