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La caída del precio del petróleo, un enemigo del Estado

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Una de las máximas de la geopolítica dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Algo de eso se aprecia en la forma en que la caída de los precios del petróleo afecta a las petroleras occidentales.
 
El mercado alcista del crudo de los últimos 15 años alimentó un nacionalismo de los recursos, en el que gobiernos de países ricos en materias primas impiden el acceso de las empresas extranjeras, expropian activos o imponen condiciones e impuestos más severos. Últimamente, sin embargo, algunas banderas se han bajado a media asta, y la pronunciada caída de los precios del petróleo en meses recientes debería alentar más de eso. Las grandes petroleras privadas occidentales no eludirán la caída completamente, pero sí deberían beneficiarse de una disminución del nacionalismo de los recursos.
 
El ejemplo más obvio hasta la fecha es México, que está abriendo su sector energético a operadores extranjeros en un intento por detener una caída en la producción. Roseanne Franco de Wood Mackenzie lo califica como un punto de inflexión que debería animar a otros gobiernos en la región a dejar el nacionalismo a favor de la “maximización de recursos”. De hecho, en Argentina, que nacionalizó YPF en 2012, el Senado acaba de aprobar un paquete de reformas con el apoyo de la industria petrolera para promover la perforación en formaciones de esquisto. Medidas similares se han puesto en marcha o son evaluadas en otros países, entre ellos China, Indonesia y Argelia.
 
El ímpeto para el cambio es el repunte de la producción de crudo y gas de Estados Unidos y Canadá. Los barriles extra deprimen los precios, lo que pone presión sobre los presupuestos de grandes países exportadores de petróleo. La presión también afecta los precios de las acciones de las petroleras estatales.
 
En el último mes, conforme el crudo Brent cayó alrededor de 10%, las acciones de la rusa Rosneft y PetroChina se derrumbaron en cerca de 13%. En comparación, los títulos de Exxon Mobil bajaron menos de 5%. Además, muchas petroleras respaldadas por gobiernos, especialmente en Rusia, Venezuela y México, tienen altos niveles de deuda. En conclusión, eso podría terminar siendo un problema para los gobiernos. Después de todo, las grandes petroleras estatales son en realidad demasiado importantes para quebrar.
 
La riqueza de hidrocarburos de esquisto de América del Norte también representa un desafío para el nacionalismo de los recursos al competir por inversión. Cerca de 38% del gasto incremental en la exploración y producción de crudo y gas entre 2009 y 2013 se destinó a la región, según IHS Herold.
 
Las grandes petroleras privadas de Occidente pueden aprovechar esto. Su búsqueda desesperada de reservas alcanzó su nadir con la segunda ronda de licitaciones otorgadas por Irak en 2009, cuando muchos aceptaron una comisión fija por cada barril producido. Esto contribuyó a una caída constante del retorno sobre el capital, que ahora ha provocado que las grandes petroleras reduzcan tanto su gasto como sus metas de crecimiento.
 
Esa es una respuesta racional al acceso limitado, en gran parte facilitada por el aumento de oportunidades en recursos no convencionales como el esquisto. Las grandes petroleras privadas han tenido dificultades para reemplazar su producción en los últimos años, al menos en términos de reservas comprobadas. Pero los recursos no convencionales, incluso si no son clasificados estrictamente como comprobados, tienen un aceptable historial de producir barriles reales.
 
Fraser McKay, analista de Wood Mackenzie, dice que para las cuatro mayores petroleras —Exxon, Chevron, Royal Dutch Shell y BP— los descubrimientos no convencionales han sido de lejos la principal fuente de nuevas adiciones de recursos en los últimos cinco años. También subraya el tiempo relativamente corto que toma obtener gas y crudo de esas prospecciones y cómo esto encaja con la mantra actual de los accionistas de que los yacimientos generen flujo de caja en lugar de que sólo reciban inversiones indefinidamente.
 
Todo esto hace que las grandes petroleras privadas sean apuestas más seguras en el actual entorno energético. Su escala y modelos integrados significan que no tienen la misma exposición a los precios del crudo como las firmas de exploración y producción.
 
Esto tiene un beneficio adicional: hace que los potenciales blancos de adquisición sean más baratos. Por otra parte, los gobiernos ricos en recursos preocupados por la caída de los precios del petróleo deben también recordar que las grandes petroleras privadas siempre pueden ir en busca de barriles en Wall Street.
 
Por Liam Denning
 
Por : WSJournal.com
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